
Durante años, la autoridad en el mundo de la consultoría —y también en los despachos profesionales— ha estado asociada al conocimiento experto, la experiencia acumulada y la capacidad de analizar realidades complejas. Pero algo ha cambiado. Silenciosamente, sin titulares estridentes, la inteligencia artificial ha comenzado a transformar los cimientos de este modelo.
No se trata de una moda tecnológica. Se trata de un cambio estructural. Y cuanto antes lo asumamos, antes podremos liderarlo.
Cuando el conocimiento deja de ser exclusivo
En los modelos tradicionales de consultoría, el valor estaba en “saber más que el cliente”. Quien tenía acceso a metodologías, análisis comparados, conocimiento normativo o modelos financieros tenía una ventaja competitiva. Hoy, ese conocimiento ya no es exclusivo: está al alcance de cualquiera que sepa interactuar con una IA generativa.
Esto cambia el juego. Porque ya no se trata solo de “lo que sabes”, sino de cómo lo aplicas, qué preguntas haces y qué visión estratégica eres capaz de construir con la ayuda de la tecnología.
La IA no viene a reemplazar, sino a reconfigurar
Es importante entender bien esto: la inteligencia artificial no va a sustituir a los despachos ni a los consultores. Lo que sí va a hacer es acelerar y abaratar tareas que antes eran complejas y lentas, lo que obligará a los profesionales a repensar su propuesta de valor.
Los despachos que sigan vendiendo tiempo o conocimiento básico corren el riesgo de volverse irrelevantes. En cambio, los que transformen sus servicios hacia un enfoque de análisis, acompañamiento, visión estratégica y toma de decisiones en entornos complejos, se fortalecerán. La IA puede redactar informes. Pero no puede —todavía— interpretar matices, generar confianza o liderar un proceso de transformación en un cliente.
Del “experto que responde” al “profesional que guía”
En este nuevo contexto, el valor ya no está en tener todas las respuestas, sino en saber guiar el proceso de obtención de esas respuestas. Lo que antes hacía un senior con años de experiencia hoy puede hacerlo una persona junior apoyada por una IA… pero solo si esa persona entiende el problema, interpreta el contexto y sabe a dónde quiere llegar.
Por eso, el verdadero cambio no es tecnológico, sino cultural. Requiere humildad, formación continua y una mentalidad abierta. Y sí: también implica desaprender ciertas prácticas que fueron eficaces en el pasado, pero que hoy ya no aportan valor.
¿Dónde está la oportunidad para los despachos?
En lugar de temer a la IA, los despachos deberían preguntarse: ¿cómo puede ayudarnos a dar un mejor servicio? Aquí van algunas claves:
- Automatización inteligente: tareas repetitivas como elaboración de informes, cálculos fiscales o gestión documental pueden delegarse a la IA, liberando tiempo para lo realmente importante.
- Asistencia creativa y estratégica: la IA puede ser un excelente copiloto en la generación de ideas, propuestas o enfoques que, combinados con la visión del profesional, elevan la calidad del servicio.
- Acceso rápido al conocimiento: ya no es necesario invertir horas buscando normativa o jurisprudencia. Lo importante ahora es saber interpretarla y aplicarla al caso concreto del cliente.
Lo urgente no es implantar tecnología, sino cambiar la forma de pensar
Muchos despachos están incorporando herramientas sin revisar sus procesos, sus modelos de negocio o su cultura interna. Eso es como cambiar el motor de un coche sin tocar el volante: por potente que sea, no te llevará a otro destino si no cambias la dirección.
Por eso, desde el Club de Innovación apostamos por acompañar esta transformación no solo desde la tecnología, sino desde la estrategia, la gestión del cambio y el liderazgo.